UNIÓN NACIONAL DE COMERCIANTES — * U N D E C O * —
Entidad Asociativa, Sin Ánimo de Lucro, que Protege y Apoya a los Pequeños y Medianos Comerciantes de Colombia

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SE ACABÓ EL AMOR

Esperanza Jiménez de Bocanegra, Directora Ejecutiva UNDECO

Esperanza Jiménez de Bocanegra, Directora Ejecutiva UNDECO

La solidaridad es una manifestación humana que conlleva sensibilidad y sentimientos muy profundos,  hasta exponer la vida por el bien de los demás. Pero en ocasiones los animales nos dan un ejemplo superior a lo que cualquier humano pudiera hacer.

La historia que a continuación voy compartir con mis amigos lectores es una muestra de verdadera solidaridad.

En alguna ocasión una anciana y su nietecita se dirigían como de costumbre a la iglesia. De repente se dieron cuenta que atrás de ellas se había venido la perrita, por cierto enferma y muy decaída pues ya los años le pesaban. La niña al percatarse que el animal las seguía se devolvió corriendo a llevarla a casa, la regaño y cerró la  puerta para que no se volviera a salir.

Pero ¡Oh sorpresa!...Casi llega la perrita primero que ella donde estaba la abuela esperando. La niña, molesta y herida en su honor por la burla de la perrita, intenta regresarla de nuevo, pero la abuela en su sabiduría le dice: Déjala niña: por algo será que ese animal quiere acompañarnos.

Siguieron su camino hacia la iglesia, hablando y riéndose de cuanto veían, y la perrita atrás. Cuando van a cruzar una calle de poco movimiento, no se preocupan por mirar a los lados si venían vehículos y se lanzan a la vía. La perrita observa el peligro en que se encuentran, se les adelanta y da un gran salto a la vía.

Lamentablemente es atropellada por una motocicleta que venía a toda velocidad evitando que la anciana y la niña fueran atropelladas. Así la intrépida perrita  dona su vida a cambio de la vida de sus amos.

En otra ocasión, yendo por un camino con unos amigos, nos acompañaba un perro de la casa, él iba adelante saltando y buscando cazar alguna presa. De repente se quedó estático en el camino, no hacía ruido, ni se movía. Cuando nos acercábamos al sitio, él  escarbaba en el suelo y nos hizo mirar hacia abajo, para descubrir una enorme serpiente enroscada y dispuesta a atacar.

Estas dos situaciones nos sensibilizan hacia la verdadera solidaridad, la cual trasciende toda barrera hasta exponer la vida, como en el caso de la niña y la anciana o como en el caso  nuestro: manejo de la prudencia, y espera tranquila del perro, para evitar que el animal se apostara en otro lugar y nos atacara.

Esa sí es la verdadera solidaridad. Animémonos a ser solidarios, no sólo dando de lo poco o mucho que nos queda, con lo cual es fácil solidarizarse. En la defensa de la vida de los demás es donde está la verdadera solidaridad.